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Kaliman Asador, cuando el fuego es herencia, oficio y legado

Actualizado: 29 ene


El asado no se apura: se banca el tiempo, se cocina con cariño y se respeta el fuego.

Desde Trinidad, en el corazón ganadero de Bolivia, Kaliman Asador mantiene viva la tradición del asado ancestral a la cruz. Inspirado por su abuela y forjado en el fuego real, su historia es respeto, paciencia y legado dentro del BBQ latinoamericano.


Desde Trinidad, en el corazón ganadero del Beni boliviano, Ricardo Silva Muñoz, conocido como Kaliman Asador, ha construido una trayectoria donde el asado no es espectáculo, sino memoria viva. Su historia comienza lejos de los escenarios, en una cocina humilde a leña, bajo la guía de su abuela, quien marcó para siempre su relación con el fuego.

El nombre Kaliman nace en su infancia, inspirado en las radionovelas de los años 80 que escuchaban su madre y su tía. Kaliman era un superhéroe, y así lo veían a él. El apodo quedó. El fuego llegó después… o quizás siempre estuvo ahí.


Su identidad parrillera está profundamente ligada a Trinidad-Beni, una región ganadera donde la carne y el fuego forman parte de la cultura. Kaliman trabaja principalmente el asado ancestral a la cruz, una técnica que para él representa historia y respeto por el producto. Aunque honra lo tradicional, también integra tecnología cuando el contexto lo exige, entendiendo que evolucionar es parte del oficio.

La primera vez que cocinó un animal entero a la cruz recuerda nervios, emoción y una responsabilidad enorme. Desde entonces aprendió que el verdadero secreto no está en el corte ni en el condimento, sino en bancarse el tiempo, cocinar con paciencia, cariño y pasión.

Su proyecto de catering nació desde la necesidad. Sin trabajo, le pidió a Dios un camino que le permitiera vivir de lo que amaba y ser su propio jefe. Así comenzó un emprendimiento especializado en cerdos, corderos y reses enteras a la cruz, que hoy es referente en Bolivia.

El punto más alto de su carrera llegó en junio de 2025, cuando lideró el evento “El Asado Más Grande de Bolivia”, cocinando 50 reses enteras en Trinidad, Beni. Fue un reto extremo en lo físico, lo mental y lo logístico, no exento de críticas y dificultades, pero cumplido con éxito. Hoy, el desafío es aún mayor: proyecta una próxima edición con 70 reses enteras.

Para enfrentar largas jornadas frente al fuego, Kaliman se prepara con hidratación constante, ejercicio, concentración y fortaleza mental. Sabe que el asado a gran escala no solo exige técnica, sino resistencia y enfoque.


Hay momentos que para él lo dicen todo, como cuando alguien prueba su carne y guarda silencio. Ese instante representa crecimiento, orgullo y la confirmación de que el fuego habló por sí solo. Su filosofía de sabor es clara: sal, humo, madera, distancia y tiempo, sin artificios.

El fuego, en lo personal, representa su vida, su fuerza y su pasión. Siempre con leña, para que nunca se apague. El reconocimiento dentro y fuera de Bolivia no lo ha cambiado; al contrario, le genera orgullo poder inspirar a nuevos asadores, manteniendo siempre los pies sobre la tierra.


Su sueño es expandir su restaurante y crear un restaurante campestre con cabañas y múltiples parrillas, un espacio donde el fuego vuelva a ser punto de encuentro. Cuando piensa en su legado, no habla de récords, sino de haber aportado a la gastronomía de su país, su región y su gente, desde la humildad.


La receta que comparte como símbolo de su historia se llama “COME CALLAO”. Una frase que su abuela repetía en tiempos difíciles, cuando cocinaba con lo poco que había en casa. Hoy, Kaliman la lleva como bandera: memoria, resiliencia y respeto por el fuego que alimenta incluso en silencio.



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